El mensaje del Papa Francisco de que le gustaría "una Iglesia pobre para los pobres" resuena en los pasillos de todas las parroquias. "Es un mensaje fundamental, contundente", asevera el arzobispo de Tucumán, monseñor Alfredo Zecca. La charla con LA GACETA transcurre en el jardín del arzobispado, unas horas después de la ceremonia de asunción de Francisco como Papa del mundo católico.

Cuando se le pide que interprete esa reflexión del flamante Pontífice, el magistrado de la Iglesia advierte: "se equivocarían si pensaran que el Papa está alentando una suerte de resurgimiento de la Teología de la Liberación". "Yo creo que una Iglesia pobre significa una Iglesia austera, sencilla, abierta al mundo, humilde, ejercida con amplitud, con respeto, y al servicio de aquellos que más necesitan", apunta. "Y hay que ampliar el horizonte; la pobreza no es sólo una categoría económica; el pobre es el adicto; el desorientado, el que no tiene un sentido de la vida. Y en el sentido más bíblico, está el concepto de que el pobre es el humilde y el que está abierto a Dios. Por eso San Lucas habla: "bienaventurados los pobres de espíritu". Saber que dependo de Dios, de la providencia, ese es el sentido más profundo de la pobreza. Todo eso, al lado de una vida austera; porque el Papa es un hombre sencillo", apunta el arzobispo.

-¿Confía en que con el impacto que ha causado Francisco va a volver la gente a las iglesias?

- Hay que ser cautos. Los argentinos somos muy emocionales; he recibido llamados en lo que que me dicen "las iglesias se llenaron"; "el domingo vino gente a reventar" ; ahora, ¿cuánto nos va a durar? No lo sé. Que no sea un estallido emocional, sólo por el hecho de que el Papa es argentino. Para la Iglesia es un desafío. Porque se trata de que nosotros podamos contener a esa gente que se acerca ahora. Y es crucial salir a la calle. En el año de la fe tenemos que salir a predicar la fe. No puede ser que los evangélicos, los adventistas, salen a tocar el timbre en busca de feligreses mientras nosotros estamos apoltronados.

- ¿Percibe que se vienen cambios en la iglesia?

- En lo que toca a la fe y a la moral, dudo que haya ningún cambio. En eso, el Papa va a seguir lo que han predicado sus predecesores, el Concilio Vaticano II, que ha sido la gran renovación.

-¿Cuáles pueden ser esos temas? ¿El sacerdocio para las mujeres? ¿El celibato sacerdotal?

- El sacerdocio para las mujeres, no. Es un tema que ha sido cerrado de manera definitiva por Juan Pablo II; el celibato sacerdotal sí es doctrinal. Se puede cambiar; en las iglesias orientales suelen admitir hombres casados como sacerdotes. Pero que se vaya a dar, no lo veo tan fácil.

-¿Hay falta de vocaciones?

- Sin duda. Pero, en el norte la diócesis que más vocaciones tiene es Tucumán, y el motivo es que hay una gran actividad de los laicos. Tenemos una Iglesia viva. El año pasado ordené cinco sacedotes, y este año otros cinco. Pero faltan muchos más.